- I -
La tierra no era más que una roca que ya no producía nada. Muchos no la conocieron como era antes, verde, con mucha agua y animales… ALPHA la conoció viendo las viejas láminas de papel de aquello que antiguamente llamaban libros.
Cuando era niña, ella vio a muchas personas, fue en la época cuando el sol iluminaba el planeta, cuando se desató la guerra bacteriológica y antes de la mutación de las pocas especies animales que después llamaron andróginos.
Ahora estaba solo ella; no podía determinar cuanto tiempo le quedaba de vida, hacía mucho que no se enfrentaba a la muerte, ahora la tenía frente a sí; su padre había muerto hacía unos pocos minutos y debía tomar su cuerpo y salir a la superficie para abandonarlo lo más lejos posible, así los seres andróginos lo devorarían.
ALPHA disponía de menos de 1 noche para llevarse el cuerpo; su padre le había dado instrucciones estrictas sobre que hacer cuando ese momento ocurriera. Sería la segunda vez que ella salía hacia la nada, después de cientos de años… Ya el tiempo no se contaba como antes, un día completo no constaba de 24 horas, tenía sólo 2 horas.
ALPHA envolvió a su padre en una bolsa sintética, eso le daba más tiempo para cumplir su misión. Los andróginos eran criaturas que engullían cadáveres, podían olerlos a distancia, y si encontraban a un ser vivo cerca, éste también podía ser parte del festín.
PHI, el padre de ALPHA, había sido un científico notable, había creado la forma de descomponer los elementos del ambiente y extraer el oxigeno, había ayudado a crear comida sintética y a reciclar residuos orgánicos para consumo, había hecho avances sobre las propiedades de regeneración del cuerpo humano y la autosanación; había realizado muchos descubrimientos y a pesar de todo no pudo abordar uno de los transportadores de evacuación de la tierra.
El planeta estaba muerto y de acuerdo a los cálculos de PHI, solo quedaban 360 días completos para que la destrucción total ocurriera a través de la implosión. Era una cuenta regresiva que se reduciría a cero. ALPHA lo sabía, había programado el reloj espacio-tiempo para ello.
ALPHA vivía ahora sola en una cueva sintética que era solo un espacio de 4 mts2, había estado allí con su padre la mayor parte de su vida, él había sido su maestro, le había enseñado a utilizar las propiedades químicas de los elementos y todo lo que debía saber del mundo pasado y presente, y le había trazado un plan de vida que ella debía seguir sin equivocaciones.
ALPHA se permitió solo tener 10 microsegundos de miedo ante la posibilidad de salir al exterior. Reunió todas sus fuerzas y cargo el cuerpo de su padre fuera de la madriguera, tenía que avanzar a través del tubo cilíndrico que poseía una abertura de 50 ctms3 y se extendía como una serpiente a lo largo de 20 mts.
ALPHA empujó primero el cuerpo inerte dentro del tubo y luego se introdujo empujándolo, así seguiría todo el camino hacia fuera. No le importaba la radiación que encontraría en el ambiente porque su traje antiradiactivo la protegería, éste difería mucho de los antiguos trajes que utilizaba la NASA. El traje era de un material resistente que se adaptaba al cuerpo y tenía una máscara con pantalla cristalina que permitía mirar al exterior perfectamente, poseía un pequeño tanque de oxigeno comprimido que podía durar lo que ahora representaba 1 noche.
El tubo de acceso era resbaloso y el cuerpo estaba rígido, lo que facilitaba el avance por la celda estrecha. ALPHA empuja con sus manos y se impulsaba con sus pies que tenían suelas antiresbalantes. Cuando el cuerpo salió por fin al exterior como un capullo acompañado por ALPHA, no había en el ambiente más que soledad.
Tomar el cuerpo en sus hombros era la opción que ella tenía, no podía dejar huellas que alertaran a los depredadores, caminó hacía la senda que su padre le había señalado la primera vez que salió al exterior; sabía a donde llegaría, a una gran roca. Llegar a su destino le tomó más tiempo del que creía pero al depositar el cuerpo sobre la piedra, sintió alivio y esperanza que el regreso fuera más fácil, ya que no transportaría un gran peso.
Abrió la bolsa sintética y miró por última vez la cara de su padre, luego sacó de ella el pequeño kit de antirradiación que había metido dentro para no llevarlo incómodamente en la mano. Dio una oración que había aprendido de memoria de un pequeño libro de oraciones y luego cuando oyó el chillido de los andróginos que se acercaban salió corriendo tratando de cubrir sus huellas mientras lo hacía.
ALPHA sabía que los chillidos de los andróginos se podían escuchar a kilómetros de distancia, pero también sabía que estos eran extremadamente rápidos. La oscuridad era total, no podía errar su dirección, debía guiarse por sus otros sentidos, así que cerró sus ojos y trató de imaginar su camino. No había traído su aro de luz para no ser delatada. Contaba el tiempo por los latidos de su corazón, esto la ayudaría a calcular cuanto le faltaba para llegar. Escuchó miles de sordos chillidos, los andróginos debían ser muchos, acabarían con su padre en un par de segundos y ella debía estar en su cueva antes que esto sucediera.
Palpó la boca del tubo de acceso camuflajeado que a simple vista parecía formar parte del ambiente ubicado entre rocas. Se introdujo en él, ya no escuchó más sonidos, estaba a salvo.
Avanzó por el tubo hasta llegar a la pequeña recámara cilíndrica cerrada que conducía a la cueva, cerró la puerta de acceso y quedó encerrada entre las dos puertas, la que conducía al resto del tubo y la que abría la cueva, destapó el kit de antirradiación y analizó la lectura del lector de radiación, era muy alta, el doble desde la última vez que estuvo fuera.
Entonces ALPHA abrió el gas antiradiacitivo y todo el espacio se llenó de una nube azul, esperó que la nube se disolviera y la lectura del lector bajara a cero para poder abrir la puerta.
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