Muchas veces David se reunía con un grupo de amigos para realizar juegos, por sorteo alguien era escogido como “conejillo de Indias” para ser el mártir.
Esta vez le tocó a David:
En el centro de la estancia, David escuchaba el deambular de pies descalzos que caminaban en torno a él, sus ojos estaban vendados; su pecho estaba desnudo y sus manos detrás de su espalda. ¿De que vejación sería objeto? David no lo sabía.
Una mano enguantada le tocó el pecho y comenzó a acariciarlo lentamente, no podía adivinar quien era. Otra mano recorrió su espalda, esta caricia al contrario de la anterior, lo erizó, era como si una serpiente recorriera su cuerpo. Su fuerza de voluntad no pudo resistir el escalofrío que esto le causaba, dejando escapar sin querer un suspiro.
Era algo excitante. La mano que tocaba su pecho cubrió su boca, y un pensamiento macabro invadió su mente ¿Quiénes lo tocaban? No pudo aguantar la tentación y sin pensarlo dos veces, se quitó la venda que cubría sus ojos. Delante de él estaba su mejor amiga, pero detrás había un hombre, quien se reía de David.
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